Noche de Lápices.
Se apagan las luces, la escuela se abre de par en par. No hay clases. ¿Qué sucede entonces?
Es tiempo de decirle adiós a la libertad que en fotos quedarán por unos años. Con los ojos no se ve el cuaderno borroneado por el atropello militar.
No habrá reclamo. Habrá silencio y miedo de una sociedad aturdida por el ritmo de botas acordonadas. Miedo al caminar excepto en aquellos que con estilo reclamaban el boleto estudiantil
La escuela ofrece bancos en el piso, hojas rayadas y una cartuchera con lápices sin colores. Nada se asemeja a la desolación que la fuerza ha provocado de manera imprevista aquel septiembre de 1976.
Luces y memoria en años de democracia no harán que se olviden de aquellos que en el mapa dejaron de tener un espacio real para ser fantasmas testigos del ahogo de la expresión de derechos. Siempre serán unos ángeles que no han de ser olvidados en el cuento que relata la historia oficial que cada uno quiera creer.
Lápices para escribir lo mejor de nosotros, lápices para pintar una sociedad que a veces le huye al recuerdo por miedo al dolor. Claro que duele remover pero es necesario para no olvidar que crecer como país conlleva la exposición de otros que por respeto deben ser nombrados una y otra vez.
Me pregunto otra vez ¿Qué sucede entonces? Pensemos y dejemos que la respuesta envuelta de libertad se escriba en el papel escolar.
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