La casona

En una casona de madera rodeada de árboles con gran altura se esfuman mis ideas respecto a lo que quise hacer. Me ha invadido la tristeza y la desolación, miro a la nada, estoy en un mundo en el que nadie me ve. Bajo las escaleras que da a la sala principal y me sigo preguntando a qué se debe tanta imaginación en mi cabeza: creer que rompería el muro que nadie había podido atravesar. Su corazón como roca se había interpuesto ante todos y yo no sería la excepción. Siento que todo se me ha ido de las manos, que caminé kilómetros como ilusa creyendo que encantaría con mi magia a quien desconoce de los efectos del amor. Llego al piso de planta baja y una extraña sensación de libertad me descoloca. Estoy viva y eso es lo que cuenta. Que cada uno viva a su forma particular. Que él siga creyendo que, pensando en costo-beneficio todo puede ser mejor. Me haré mujer asumiendo al amor como la manera de enfrentar a un mundo que calcula hasta el nivel de perdón que cada uno debe dar tras hacer alguna maldad. La casona de madera tiene magia, me he dado cuenta. Tomo mi valija y cerrando la puerta y lanzo un suspiro de liberación. Nada he podido cambiar en aquel sujeto arbitrariamente lógico pero sí he crecido en reaccionar que cada uno es lo que elige ser en gran parte.

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