El Politólogo
En una playa del caribe dos sujetos se encuentran caminando, mientras uno deja huellas en la arena el otro se tropieza y dice:
- Esta es la maldición de los abogados.
El otro lo mira no entiende nada y quien ha caído prosigue.
- Si hiciéramos la estadística de cuantas personas caen en promedio en la arena, la mitad serían abogados. ¿Por qué? Es simple. La mitad de las personas estudian abogacía, todos ellos saben de leyes pero desconocen la racionalidad a la hora de dejar huellas en el piso arenoso.
Yo que soy politólogo vivo en el mundo de las ideas, por más que no haya hablado con ningún utópico. Pienso cambiar el mundo, analizar procesos políticos, intercambiar planes de superación de pobreza y quien te dice manejar el dólar. Sí, soy ambicioso. Me encanta trabajar en la organización absurda que propone la ciudad. La política no está hecha para el campo sino para sujetos que viven en el asfalto. Es curioso pero real.
Pero no me mires así- le dice a su compañero de caminata- No seré un experto en leyes pero…- el sujeto calla de golpe y analiza lógicamente en voz alta-.
- ¿Qué hago?
- ¿De qué trabajo en verdad?
- Si no soy político, entonces ¿Qué digo cuando hablo?
- Si todos pensamos distinto, porque no compartimos leyes, ¿dónde está el acuerdo conjunto?
- Si entiendo de Economía, comprendo los cánones de la Sociología, manejo estadísticas y puedo reconocer teorías de Metodología.
Me perdí.
El otro que lo ve un poco asustado a su amigo le responde sencillamente:
- No te preocupes, sino sabes a qué te dedicas, por más que tengas título universitario.
- Es grave lo que estoy planteando, le responde preocupado.
El otro lanza una carcajada y le dice:
- Si tú como politólogo no entiendes que haces yo entiendo mucho menos porque soy Licenciado en Relaciones Internacionales.
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