Tempestad en el mar.

El otoño de Vivaldi se pinta con la armonía de un buen violín y algún piano desconsolado en el mar. La marea se levanta por la noche y nadie habla por temor a despertar una tormenta desorientada iluminada por el faro cercano al muelle principal. Se mantiene la estela sobre el agua salada que se mueve sin cesar con el son de quien llora al andar, porque ha perdido su amor como Alfonsina algún tiempo atrás.

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