Querido Maestro.

Para mis ojos no hay nadie como usted profesor querido, que me ha enseñado por qué es tan bueno a veces perder. Para aprender, para entender que nada es tan bello como parece, que entre la bruma densa en el espacio es posible ver las cosas renovadas. Que fácil es decir, palabras con sentido de alegría y que generen dolor pero es tan difícil hablar de perdón. Gritos desde el balcón para la despedida del gruñón que arruina la fiesta con su aburrido sermón no dejan oír la música que emana mi armoniosa voz. El profesor alienta a reflexionar sobre la consigna dada, que la hoja no se entregue en blanco por mediocridad de no estudiar. Coloca sus brazos en jarra y dice en voz alta: -No va más, como si estuviera en el casino anunciando el fin de la posibilidad de añadir algún dato al examen realizado. Se puede confiar en la racionalidad del mejor alumno a la hora de opinar. Mientras en el maletín guarda las pruebas con palabras algunas sin sentido el profesor gira su torso y cuenta su experiencia personal. Alguien me pidió un sábado por la tarde que tomará su mano, y yo me negué argumentando mi apuro. Estábamos, ese sujeto desconocido y yo en la carretera más vieja del pueblo que poseía el suelo de tierra y algunas pocas piedras de tamaño considerable. Me sucedió algo muy curioso luego de que dejé al extraño en el camino. Una sensación de incomodidad al pasear por la feria a la cual tenía planeado ir, y por la que me negué a tomar su mano, sentí. Días más tarde, cuando tomé el diario, un titular decía: - El joven y su último viaje en tren. No necesité leer el resto del artículo, había entendido que aquel extraño había intentado por última vez que alguien le tendiera una mano para salvar su vida. Yo era el elegido. Pero yo era el sujeto menos afortunado del mundo y seguía vivo. Desde entonces visito esa carretera ya asfaltada todos los sábados por la tarde por si las dudas alguien me pide su mano nuevamente. Dije no la primera vez, pero ahora al menos intentaré escuchar. De lo contrario será demasiado tarde para elevar una plegaria pidiendo perdón.

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