MIS CRAYONES.
EL violín me apura pues los trazos de mis crayones se terminan con rapidez. Quiero pintar el cielo y aún el sol está concentrado en una pintura amarilla. Una leve voz se eleva en el aire
Tomo el crayón blanco para escribir en el negro que ofrece mi corazón. Nada se dibuja, me asusta. El maestro que lleva la batuta apuntala al violonchelista que haga su trabajo del mejor modo. Ya casi termino mi dibujo, el mejor del año en el peor de mis momentos.
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