RENCOR.

Fue el destino que me puso en un mal momento cuando me nombraron una palabra cruel por cierto, rencor. Miro a la luna para esquivar dar su definición, no puedo porque prometí escribir a su pedido. Hablaré hipotéticamente ya que nunca lo experimenté. El rencor sería un sentimiento profundo primo de la envidia y el odio a la vez, con la diferencia de que despierta todos los sentidos en contra de alguien con nombre y apellido. He dicho una barbaridad pero la luna me da su luz para que siga escribiendo. El ritmo de una batería me apura, no entienden lo difícil que es escribir sobre algo que desconozco. Nada me puede detener, menos una palabra que provoca tanto interés. El rencor atrasa al olvido y nos ata a aquellas personas que han decidido tomar otro camino. No des vueltas, da rienda suelta a ese sentimiento feo, oscuro que te tapa los ojos para ver lo mejor de ti y de aquel que no dejas ir. El rencor no permite que lo mejor pueda venir, que los sueños se despierten de una noche de dolor. El rencor huye cuando el perdón se toma de la mano con la misma luna que me alumbra hoy. El perdón es el antídoto ante el rencor provocado por un desencuentro o una mala jugada de amor.

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