El muro de los idiomas.
Si te llamo por tu nombre vienes a mi lado. Si te digo que te quedes das media vuelta y te vas. Te hago una seña para que regreses y vuelves. Te digo que te quiero y pones cara de preocupación. Me tomas la mano y dices algo que no entiendo. Tras esa actitud de ternura nuevamente me dejas solo.
Me pregunto qué habrás querido decirme. No entiendo. Tengo una simple explicación posible: hablamos distinto; nuestras palabras difieren en su conformación. Ahora comprendo por qué te fuiste la primera vez y regresaste ante mi seña evidente pidiendo lo mismo.
Ahora mi cabeza deja de temblar buscando la solución a mi duda. No se trata de que no haya ido clara contigo, sino que el muro de los idiomas se ha interpuesto entre nosotros. Hablamos distinto pero para que me entiendas correré detrás de ti.
Eso hace el muchacho, corre tras ella y luego de tocar su espalda ella gira. El joven la mira y con un beso derrumba lo que fue el muro del idioma divergente entre ellos.
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