Esa ciudad a la que no le importa nada.

Se encontró con esa flor cortada de algún árbol ocasional entre tanta playa y shops. La chica de las maletas ha vuelto renovada, con la mente en blanco y alguien que la espera con una sensación de decir un “te extraño”. Ella calla. Ha vuelto con ganas de reponer sus apuntes sobre la mesa y estudiar aunque envidia regresar a aquella ciudad a la que no le importa nada. Los problemas son minúsculos, los turistas son bienvenidos al relax que aquella propone. Todo ha acabado. Ella mira por el balcón de su casa y piensa. La chica de las maletas sabe que los finales son así, con sabor a melancolía pero recordando que siempre viene algo mejor. Vuelve a colocarse los auriculares con los que metía su ropa antes de partir una semana atrás pero hoy lo hace para desarmar la maleta que hoy pide que la descarguen después de veinticuatro horas sobre un avión. Seis noches me preguntaba dónde estabas, tuve una duda y cuando regresaste me dijiste que estabas en esa ciudad a la que no le importa nada.

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