No quiero creer…
Las velas del cielo caen despacio en este rincón donde el trueno se oye feroz. Puedo mirar desde del sillón de cuero que alguien dejó vacío hace una hora. Dudo y arranco con mi voz a decir…
El pincel con el que se pintan tus labios desnudan las intenciones de amarte en verdad. Tu falda corta hace que mis palabras se amontonen y nada coherente pueda hablar que enamoren tus oídos. Eso provoca el sentimiento de quererte. Ni el trueno feroz, ni la calle más oscura lastiman mi corazón herido ya, por otro amor tiempo atrás.
Quiero que me seques la piel cuando de fiebre esté envuelta mi cabeza. Quiero que me ates los cordones cuando mi cintura pierda flexibilidad o me hagas un té si me siento mal de la panza.
No escucho tu voz y la tormenta que iluminaba la ventana cercana al sillón ha acabado. ¿Dónde estás?
Silencio que aturde como el trueno sucedido minutos recientes.
Ahora me asomo por la ventana, la habitación tiene muebles añejos aún temblando por la lluvia caída en forma de cortina transparente, no veo nada más que un páramo que desciende por el horizonte. ¿Dónde estás? No quiero creer que te me fuiste de las manos cuando las velas del cielo comenzaron a iluminar el limbo. No quiero creer que corriste asustada a los brazos de tu padre en vez de esperar mi abrazo para protegerte de cada relámpago. No quiero creer que me dejaste solo por elección sino por miedo a la tormenta inminente y querías estar en tu casa. De todas formas te hubiera acompañado. No quiero creer… no quiero creer que no me quieres.

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