La oportunidad
Sentada y en soledad decidió darle otra
oportunidad. Espera un nuevo amanecer, está de buen humor al ver el cielo
cambiar de color y sin darse cuenta, alguien la acompaña esta vez.
Le quiere susurrar algo pero el miedo desvanece
las palabras de aquel y la distancia ella la rompe con una sonrisa amplia.
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No
digas nada, has regresado y eso importa solamente.
-
Pero…-
se corta el aire una vez más.
Así es, paciencia para que el naranja y el azul
formen un violeta incandescente y convicción para creer que todo lo que
queremos puede estar a nuestros pies. La ley dice que la oportunidad tiene en
su esencia el segundo intento.
Quien se anima a jugar tiene oportunidades para
demostrar sus habilidades en el campo pero quien esconde su estrategia para
ganar y se queda con el famoso “que pasara si…” pierde todas las ocasiones para
develar el misterio del regalo que puede tener si la oportunidad es ofrecida
desde otro lado.
Oportunidades de trabajo, oportunidades para
hacer amigos o quizá para encontrar algún amor. Sin embargo, me quedo con la
mayor oportunidad: la de ser feliz.
¿Qué digo con esto? La oportunidad se halla si
la predisposición de abrir nuevamente una puerta existe. Hay que tener cuidado
de que a veces esa puerta si se abre nos puede hacer mal pero es ahí donde al
seguir al corazón debemos apostar a que puede suceder algo mejor que antes. Si
la oportunidad existe y estás del otro lado, tómala, no la dejes ir pues el
arrepentimiento no es un sentimiento difícil de adquirir.
Oportunidad para no callar, para gritar lo que
quieras; para hacer aquello que pensaste dos veces y no hiciste y en el mejor
de los casos para pedir perdón. Si damos una oportunidad reconocemos la
posibilidad concreta del error pero esa virtud se complementa a que tendrás el
derecho y la dicha de ser tú quien pida con bondad otra chance más.
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