Los sobrinos son pedacitos de cielo regadas bajo nuestros pies.
Los sobrinos son pedacitos de cielo regadas
bajo nuestros pies. La oscuridad se despide cuando sus miradas se clavan en mí.
Son luz en medio de problemas terrenales pavos
y sin sentido que alteran nuestro ser. La sombra del árbol que está en el
parque se congela ante el sol que tienen en sus manos.
Los sobrinos detienen el cambio de luces de los
semáforos pues marcan el paso y el avance del resto de los parientes, hacen
bailar en una jornada familiar con sus ocurrencias. Ser tío o tía de ellos no
es tan sólo un regalo sino que implica la obligación de acompañarlos al crecer y
decirles que el valor de vivir está en la actitud que tienen al jugar. Suavecito
dicen que le tienen miedo a la lámpara apagada en su habitación.
Los sobrinos tienen eso que calma el alma,
carece de nombre pero se siente muy bien. Arrollan con su sonrisa cualquier día
con dificultades en el medio.
Quien tiene sobrinos sabe de su presencia
ineludible que dejan huella en el corazón. Seré anciana y quizá tenga mi
memoria dañada por los extraviados
recuerdos pero ellos, su rostro y la lisura de sus manitos quedarán firmes en
mi inconsciente dormido.
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