Arquitecto

Él es alto y buena persona en verdad. Escucha todo aquello que hablo aún cuando mis pavadas predominan sobre la coherencia.
Él en cambio me habla de estructuras, de la perspectiva ante el sol, del punto de fuga correcto para fotografiar una casa, los espacios posibles para explotar y la claridad que tendrán cada uno de ellos. Me fascina.
Compartimos un helado mientras siento el mareo que me hace tambalear de la silla. Él me toma del brazo, me ofrece un vaso de agua y me sonríe diciéndome que todo estará bien.
¿Dime si es posible que con estas escenas no pueda enamorarme?  Mueves la cabeza negando o dudando de mi afirmación.
Me he enamorado de un arquitecto porque siento que cuando visito las obras que el dirige estoy segura. Salgo a caminar y miro los rascacielos pensando en él que me llevaría a ese lugar si se lo pidiese.
El calor me ciega, y la arena de la obra me tapa la cartera de tierra.
Me enamorado de un arquitecto, de él y no por su profesión simplemente que habla de proyectar.
Me enamorado porque tiene la mente abierta a crear en espacios imposibles de pensar; porque es seguro de lo que tiene en sus manos- su vida, la de ajenos y materiales para hacer eficiente y posible un sueño-; porque dirige su vida como nadie porque sabe cuáles son sus debilidades y las enfrenta con sus fortalezas.
Me enamorado de un arquitecto porque soy su musa, él me lleva a lugares con altura donde me siento única, donde la obra maestra soy sólo yo.  El plano de su vida son sus sueños compartidos con los míos que formarán parte de la historia del arte más preciosa como es la propia vida.

Me enamorado de un arquitecto porque él juega con los deseos ajenos, los cuida y los hace posible con simplemente mirarlo a través de sus ojos.

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