Visita al bosque
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Mala
suerte al caminar me equivoqué de rumbo y ahora me he convertido en un niño en
vez de un adulto con responsabilidades y derecho a mirar televisión hasta
tarde. No puedo esperar un minuto más, cambio mi look, pantalones cortos y una
bicicleta hacen este momento tan especial. Tengo solo diez años y quiero soñar.
El asfalto
dejé atrás y tomé un atajo donde la calle es de tierra, el sendero se hace más
estrecho y más árboles tapan una vista amplia del terreno. ¿Dónde estoy? me pregunto.
No hay
alguien que pueda responder a mi pregunta y tampoco carteles que me digan una
dirección concreta. Empiezo a buscarle una salida a todo esto. Regresar A la
niñez está bueno, pero solamente por un rato pero prefiero estar donde supe
encontrar aventuras más interesante que jugar con insectos en el suelo y
hacer carpas de retaguardia donde en
soldado me convertía. Creo que los
pantalones cortos ya no me quedan bien como antes, en vez de generar ternura me
hace sentir al borde del abismo del ridículo. Me duelen las piernas de tanto
andar en bicicleta. ¿Dónde estoy?
Quiero
regresar, no ser más un niño perdido en el bosque, un bosque literal donde el
sol se escabulle entre las ramas y el agua de un río se siente a lo lejos. Es
un bosque de sensaciones del que quiero escapar. Siento que la alegría fuera de
las preocupaciones que tiene el ser niño ya no me pone tranquilo sino que me
altera, que la sinceridad de reconocer que algo no está bien, no me gusta pues
prefiero ocultar que me siento incómodo en verdad. ¡Quiero mi jeans, mis
auriculares y mi auto! ¡Quiero ser un adulto con corazón de niño y no un niño
con los miedos de un adulto!
Ya se me
acaban las palabras para gritar que hay noche en mi interior y no hay nada peor
que la noche en el bosque, el bosque de mi ser. Descubro que ser un niño fue un
delirio, que ser adulto es mejor. Miento. Aunque quiera ocultarlo para parecer
coherente verdaderamente tener diez años me aleja del dolor, me transforma la
visión de las cosas y puedo llegar a cualquier lado andando en bicicleta.
No puedo
ser niño otra vez, pero sí regresar a mi vida anterior, donde adulto soy. Lo
único que queda es reinventarme cada día haciendo de mi bosque interior un
lugar de resguardo cuando el mundo donde vivo se rompa en pedazos un día de
lluvia y viento feroz.
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