Paciencia sin límites

Paciencia sin límites, paciencia sin edad. Paciencia que no corre, paciencia en la adversidad. Es un hermoso día como para pensar demasiado. No me quiero casar, pues hay tiempo para eso. Paciencia. No quiero adelantarme a lo que pueda llegar. Paciencia. Tomo una guitarra y digo primero que sí y luego que no. Paciencia para avanzar, calma para no apurar lo bueno o lo malo que sucederá en el mes siguiente.
La paciencia es algo tan normal en un niño que mira por la vidriera un juguete y le dice que aún es muy pequeño para usarlo cuando en realidad es el dinero el causante de la imposibilidad del regalo. El niño tendrá paciencia aunque no sea consciente de ello. Espera, es un paciente lleno de vitalidad que se divierte con sus otros juguetes entre tanto. Un joven mira la paciencia con enojo, y renuncia a tomar las riendas de su vida cuando algo le sale mal, o en contra de lo que creyó era su destino. Paciencia le sobra sin embargo, en su torpeza de adolescencia no puede respirar porque se apura en vivir las cosas que cree le harán encontrar la plena libertad. Un adulto en cambio, dice que venga lo que tenga que venir. Intenta detener el tiempo. La paciencia ya no alcanza y se empaca para lograr lo que se ha propuesto mucho tiempo atrás. Paciencia para ver nacer un hijo, para llegar a la casa propia, a tomar pisar el mar sin preocupaciones. La paciencia se transforma para un adulto, en un deporte de alto riesgo todos los días. Paciencia sin límites. Paciencia que desconoce el principio y el final de todo. La paciencia no se va, se camufla cuando el sentimiento de “lo quiero ya” nos invade. La paciencia no llega, sino que se muestra en los momentos de soledad, donde la entereza para mantener la calma y evitar la desesperación. Paciencia que nos hace tocar el cielo con las manos y que es la mejor compañera de la esperanza, de que todo llegará o sucederá en su debido momento. Con nuestra iniciativa, con la del destino o simplemente con la omisión de alguna intervención. La paciencia como animadora de quien confunde la paciencia con conformismo o desazón, es la rival de la velocidad y lo fugaz. La paciencia no tiene límites porque nunca se agota, nunca se cansa sino que a veces se hace invisible para ponernos a prueba para ver si igual que ella nosotros tampoco tenemos límites. A veces sucede que podemos llegar muy lejos, cumpliendo nuestros sueños, o dañando en verdad a alguien más. La paciencia se contagia si estamos mal, se traduce en palabras de amistad y alegría y está en peligro cuando alguien quiere recordar constantemente lo que dañaba años atrás o simplemente cuando se intenta acelerar el tiempo con pavadas de carácter ocasional. Paciencia sin límites es la que un anciano ha sabido mantener para vivir tantos años con su cabeza blanca como ejemplo y su bastón haciendo de testigo. Un anciano es el mejor consejero y el experto de la paciencia sin límites. Mantén la calma, no te apures porque nadie te corre. Vivirás lo que el tiempo diga pero sé paciente para no sufrir del calendario apocalíptico.

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