Los errores que cometemos
En otra vida quizás prometa no equivocarme y pueda cumplirlo. Pero en la vida que vivo, de la que soy protagonista, donde cada diciembre tiene treinta y un días y es mi cumpleaños nada de eso puedo asegurar.
Reflexiono en un estado de abandono mental. En otra vida quizás un paraguas me bastara para volar a la nube 183 pero no. Tengo los pies asentados sobre la tierra y mis manos tiemblan de dolor porque nada puedo cambiar ya.
Los errores no son fracasos y tampoco son situaciones imprevistas.
Los errores se pueden clasificar- pienso- en permanentes, ocasionales, dañinos o marcadores de tendencia.
Los errores permanentes son aquellos que cometemos una y otra vez. Aquello que decimos, hacemos u omitimos decir o actuar deliberadamente. Errores que no tienen reparo en el hecho de cometerlos por una cuestión de consuelo.
Los errores ocasionales se confunden con la ausencia de otra alternativa visible, los imprevistos, cuando no queda otra salida, el alquiler de la mala pata sin darnos cuenta.
Los dañinos son de esa clase de errores que duelen profundamente, en el corazón. Visible en los ojos que brillan sin horizonte, palpable en el tic de mover las piernas; aquellos que con el tiempo generan culpa casi seguro. Los errores dañinos provocan la desazón interna y la bajada de cabeza para no mostrar la decepción por hacer o decir lo que ya no será lo mismo.
Los errores que marcan tendencia quizás sean los más productivos porque sellan el camino, dejan huellas en la vida ya sea que lo miremos como un optimista o alguien negativo. Ya sea para bien o para mal los errores que marcan tendencia hacen pensar, no generan dolor y nos hace prometer lo incumplible: no equivocarnos otra vez.
En otra vida dije que no me equivocaría, que no cometería errores pero en la vida en la que estoy eso no es posible.
Ahora que pienso en mi mirada en el espejo me doy cuenta que eso no está tan mal, aunque a veces no se sienta bien.
Los errores son errores porque son decisiones con las que no estamos decididos. Los errores son fruto de la indecisión.
Si fuéramos convencidos a arremeter contra el mundo con nuestra personalidad, los errores sólo serían anécdotas del camino. Pero como vivimos dubitativos para pensar qué es lo mejor para nosotros y haciendo conjeturas sobre la reacción de los demás, nos perdemos la posibilidad de asumir que equivocarse no es algo negativo.
Cometer errores es de valientes, de los que se animan. Ahora bien, si errar es una virtud de los valientes y un defecto de los dubitativos ¿cuál es la diferencia? Son dos caras de una misma moneda. Cara o seca. Elige. Es un defecto de los dubitativos porque son aquellos que se quieren arrepentir y terminan eligiendo en el mismo camino por ser retrospectivos. En cambio, es una virtud de los valientes porque implica, que ellos son los que viven a prueba y error, son los que conocen la realidad de la misma vida en la que estoy, sabiendo que arremeter ante el mundo que se arrepiente una y otra vez es lo mejor. Los valientes saben que nada será igual después del error, de que la nube 182 me espere detrás del sol. Sí, la nube 182. Resulta que mientras escribía esto me olvidé de retenerla y se me fue de las manos. Por eso, la última nube que tengo en mis manos es la nube 182. Me equivoqué pero no me arrepiento, quizás esta nube me traiga una nueva aventura.
El error es cosa de valientes, es cosa intentar, de asumir el riesgo de que el resultado sea un no. El error es abrir las puertas a que alguien vuele pero arrepentirse de ellos es algo que no podemos evitar en esta vida. Por eso prometo algo que pueda cumplir en otra vida, equivocarme y no pedir perdón. Sólo lo haré a menos de que haya roto un corazón.

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