Esperanza

Un micrófono para mí para hablar claro y con el eco de mi voz. Te diré lo que siento, que es más importante que saber lo que pienso. El libreto predecible de los hombres es su razón, mientras que los latidos del corazón van de manera veloz. No correré a menos que alguien me llame por mi nombre. Lo hago siempre, entonces. He dado al mundo todo lo que he tenido en mis manos y disponible dentro de mi corazón. El libreto es un ABC cuando quiero llorar. Resisto a que mis ojos devuelvan el agua cristalina que el cielo guarda en mí y mantengo el rostro inerte para no mostrar lo que siento. Si anuncié que diría lo que siento y líneas más abajo digo que no lo mostraré, puedes ver una clara contradicción. No lo es, o quizás sí. Todos los días tomo el libro para leer las acciones del día y me encuentro con lo que debo hacer y a veces con ocurrencias de lo que quiero hacer en verdad. Mi religión es seguir a mi corazón pero siempre me domina el uso de la razón. Por eso cada día muevo mis párpados para ver si hay alguna esperanza de que cambie el destino del deber hacer. Esperanza… pienso. Esperanza siento cada vez que mi corazón detiene sus latidos en honor a la calma que me invade cuando me miro al espejo y me encuentro entera ante las personas que buscan su propia autodestrucción. Esperanza siento cuando logro sentarme en el cordón de la vereda para esperar a que alguien me salude o me invite a tomar un helado. La esperanza de sentir, de pensar. Ahora caigo en la cuenta que ambas acciones van tomadas de la mano. Esperar es un sentimiento si nos dejamos llevar por él, y es un pensamiento cuando razonamos que es la herramienta, la única para confiar que siempre algo mejor está por venir. La esperanza no es propiedad de alguien pasivo o inerte. Es propiedad de todos, los que sueñan y esperan; que dejan pasar el tiempo sin perderlo haciendo mientras tanto, algo productivo como los actos de amor que engrandecen el corazón. En lo concreto está la esperanza, de que algo puede cambiar, de que algo permanecerá si se asemeja al amor, y que dirá adiós si nos lastima. En el mundo de las ideas está la esperanza también, en aquella que nos hace creer que no estamos tan lejos de ser lo que siempre quisimos ser o lograr simplemente el mensaje de nuestra voz. Esperanza, palabra digna de ser defendida a capa y espada cuando el desasosiego invade con llanto y pensamientos oscuros en un día de sol; palabra que se amarra a un modo de vida convencido de que siempre, siempre alguien nos ha fallado, sin embargo, hay que seguir confiando en lo que sentimos porque los latidos aceleran su paso para hacernos razonar que la esperanza es lo único que nos mantiene de pie, aún estando en el suelo o si estamos mirando al cielo para encontrar algún ángel perdido. Alejo el micrófono de mi mano y en susurro te digo en el oído que tengo la esperanza de que mis palabras no te hayan aburrido y hayas podido escucharme más allá de la atención con tu corazón.

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