La Navidad me Aburre
La Navidad me aburre por lo que genera. La familia entra en una discusión apocalíptica si no se comparte la noche con la abuela, o si por casualidad se juntan parientes con poca simpatía. La Navidad me aburre porque la comida es otro motivo de disputa. Desde un pollo con ensalada, un asado o un típico vitel tone. La complaciente ensalada de frutas o lo “más importante” la gran cantidad de alcohol media en cantidad de botellas destapadas.
La Navidad me aburre porque después de las 12 todo sigue igual. Es como cumplir años y recibir regalos que no son sorpresas porque todo el mundo sabe que los va a recibir.
La Navidad es un evento mercantilizado que tiene como abanderado a un muchacho bien abrigado con traje rojo y vivos blanco. Santa Claus, Papá Noel o el Señor de la chimenea. Lleva regalos a los niños del mundo, en un mismo momento. Un absurdo. Un egoísta. ¿Por qué el resto no recibe regalos? Bueno, igual los hombres rompen las reglas y hay regalos para todos… y todas.
La Navidad me aburre porque la mayoría no va a misa y pone en el arbolito el pesebre. Eso, el arbolito. ¿Cuál es el significado? Lo desconozco.
La Navidad me aburre porque es una jornada de gente corriendo por los Shopping en horas poco usuales para el comercio y en un estado de desquicio total. Papá Noel viene abrigado en esta parte del Hemisferio con cuarenta grados de sensación térmica.
La Navidad me aburre por eso. Por la ilusión tapada de regalos sin el plus de sorpresa, de comida que no alimenta sino que aumenta el apetito de querer comer más y más; porque los colores rojo y blanco le pertenecen a Unión de Santa Fe.
La Navidad me aburre porque no creo en la alegría desaforada de un día, sino que vivo con la alegría constante de todos los días.

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