No sos vos, soy yo.
La famosa frase de manual “no sos vos, soy yo” es un suicidio decirla porque nos estamos haciendo cargo de una situación que no podemos manejar. La frase se aplica a cualquier ser de la especie humana.
Veamos a qué se debe.
Habitualmente a los hombres nos encanta salvar nuestro “pellejo” de la mala fama de los demás en la escena principal. Ahora bien cuando tras bambalinas los personajes se reducen, la audiencia queda en cero la historia se modifica.
El que pretende, el que esquiva, el que va al frente o simplemente aquel que calla. Siempre hay uno que activa y el otro que escucha.
La frase tiene preámbulo y comienza con una catarata de las virtudes de quien tenemos en frente, motivos por los cuales vale la pena estar con el otro sin embargo culmina con un conector concesivo “PERO” (puntos suspensivos y silencio de cementerio). Ahí en ese lugar, en ese instante la historia está aclarada ¿o no?
El PERO muestra predisposición de dejar en claro que todo está bien aunque por algún motivo, que se aclara después, algo no es como el otro quisiera que en verdad fuera.
Esa aclaración generalmente culmina con el suicidio lingüístico diciendo “no sos vos, soy yo”. El problema surge cuando terminado esa situación donde el otro se va llorando, se enoja o ni se inmuta, en fin deja de ocupar la escena y la luz queda en quien ha proclamado esa frase se da cuenta que el otro tiene en claro lo que para este aún sigue estando en una nebulosa.
Exacto, es un juego de palabras. Le estamos aclarando sus dudas al otro y las nuestras siguen intactas porque aquel se ha ido y ni siquiera lo hemos oído. Eso sucede porque nos encanta vaciarnos de culpa y en ese afán nos podemos perder la posibilidad de escuchar del otro lado “No sos vos , soy yo”.
Si se aprende a escuchar, quizá alguna vez dejemos que ese “NO SOS VOS, SOY YO” intercambie su puesto por otro ser que no seamos nosotros mismos.
El PERO muestra predisposición de dejar en claro que todo está bien aunque por algún motivo, que se aclara después, algo no es como el otro quisiera que en verdad fuera.
Esa aclaración generalmente culmina con el suicidio lingüístico diciendo “no sos vos, soy yo”. El problema surge cuando terminado esa situación donde el otro se va llorando, se enoja o ni se inmuta, en fin deja de ocupar la escena y la luz queda en quien ha proclamado esa frase se da cuenta que el otro tiene en claro lo que para este aún sigue estando en una nebulosa.
Exacto, es un juego de palabras. Le estamos aclarando sus dudas al otro y las nuestras siguen intactas porque aquel se ha ido y ni siquiera lo hemos oído. Eso sucede porque nos encanta vaciarnos de culpa y en ese afán nos podemos perder la posibilidad de escuchar del otro lado “No sos vos , soy yo”.
Si se aprende a escuchar, quizá alguna vez dejemos que ese “NO SOS VOS, SOY YO” intercambie su puesto por otro ser que no seamos nosotros mismos.
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