El Joven Tabernero

Sus párpados llevan el peso de una historia, de unas cuantas historias renovadas con el paso de los días en esa antigua taberna. Quizás alguien que haya pasado ocasionalmente le hizo pensar en su edad, eso que parece tan importante para los urbanos y tan anecdótico para quien trabaja la piedra y de vez en vez s dormía sobre la mesa. Su rostro adornado por sus arrugas que marcan el rumbo a los ocasionales visitantes de ese lugar narra un relato poco casual. Él, es el nombre propio de un lugar fue de inspiración para Atahualpa Yupanqui. Mientras bebe un sorbo de cerveza y sigo pasmada por la tranquilidad con la que me habla, observo un conocido pero exótico objeto sobre su muñeca. Es un reloj que delata que a pesar de mis sospechas no está tan lejos de mi mundo. Su boina verde me hace sonreír por la conformidad con la que la porta y más tarde decido saludarlo para despedirme. El joven de la taberna me ofrece una última ronda de cerveza pero me disculpo porque mi permiso para conducir estaría en jaque si la policía me detiene. El ritmo se apura y siento que la marcha de la partida dará inicio a mi nueva aventura.

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