Aventuras, pequeñas pero peligrosas: al hablar.
Mira su hoja, escribe sin parar y entre las sandeces que otra compañera dice se da vuelta y del perfil que da a la pared le dice:
-“¡Shhhh!”
Odia, detesta que hablen, que se muevan cuando ella intenta concentrarse. Ni la mosca más audaz lo intenta pero la loca no lo entiende. Hace frío y eso no es motivo para que la pequeña deje de resultar peligrosa.
-“A ver querida- le dice a la loca que no deja de hacer ruido con un papelito de caramelo-. Si te dejaras de mover como molinete de un lado al otro, yo sería feliz. Si te dejaras de hablar una pavada detrás de otra, yo sería feliz; pero si no exisitieras dejarías de usar oxígeno puro para todos los que tienen algo interesante para decir. ¿Te podés callar querida?”, termina de hablar.
Contundente, un puñal en su boca tiene para hablar. Es sincera, no es cruel. Ella sabe que nadie soporta a la loca que tiene frío sin embargo, es ella sola la única capaz de decírselo sin filtro y sin vueltas
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