La firma de una madre.
Desde mis pies hasta los lunares en
mi cuerpo todo tiene su firma.
Porque somos la conjunción de un
ADN imperfecto, plasmado en nuestro documento. Somos hechos a sus gustos en
nueve, ocho o milagros de meses. Somos seres que plasmamos en nuestra vida los
valores, maneras de dormir, mañas cotidianas y el humor de nuestra madre.
La idea no es decirle feliz día
sino, reflexionar del trabajo que es. La idea es que comprendamos que mi mamá,
la tuya es un ser valiente y paciente que conoce el paraíso como nadie.
Es valiente por permitirse dejar
a su cuerpo que se transforme por nuestra intromisión corpórea, por discutir
cientos de veces con aquellos que critican su manera de educar.
Es paciente por… uff. Listado
interminable de tender nuestra cama, cocinar lo que nos gusta, “disfrazar
verduras”, por ceder su tiempo a enseñarnos cómo soportar a la gente, cómo
cuidar a los que nos quieren. Es
paciente por tener días enteros sin dormir por nosotros, por explicarnos las
tablas de multiplicar mil veces y tener siempre a mano algún medicamento para
el dolor estomacal. Su paciencia se explica por la increíble forma que toma el
amor en ese vínculo.
Ella es paciente, es valiente
pero hay algo que jamás tolerará: que la olvides. Porque sentirá que todo lo
que hizo, incluso antes de ser madre fue en vano. Porque aunque suena intenso
una madre vive por sus hijos, y es una tarea que no caduca. Por eso nos sigue
retando, opina y opina aun cuando tenemos más de veinte, ofrece catálogos de
sugerencias de qué y cómo ir a una entrevista de trabajo y diciéndonos que no
podemos vivir durmiendo todo el día.
Comprendamos de una vez por todas,
que una madre hace lo que puede y más, la maneja su instinto y no el
conocimiento; confía en nosotros y sí, más de una vez deposita sus sueños a
mitad de camino en el nuestro simplemente porque quiere que seamos felices y
cree que somos su extensión. No nos enojemos. Al fin y al cabo, es mujer!!
Mientras más
edad tenga tu madre, más compañía necesita porque lo único que le queda suyo
son sus hijos. Quizá la memoria se le vaya, su vista se reduzca o tiemblen sus
manos pero el olor que tienen sus hijos la hace renacer, los abrazos que reciba
le darán la tranquilidad que fue una madre que ha enseñado a amar.
Si es de
mediana edad, no la critiques, no la molestes. Deja que disfrute, que sea lo
que quiera pues ya no tiene que llevarte a la escuela.
Si la mamá es
primeriza, cállate y admírala. Sabe lo que hace porque hace lo que siente y
nada de eso puede salir mal.
La fortuna es
del cielo de saber que ha hecho a cada hijo al estilo de su madre, imperfecto
ADN cargado de amor.
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