2013. El último que apague la luz.

Se encienden las luces y las apago rápido porque el calor de enero me es terrible. Tomo un vaso de agua y al hojear una revista de farándula llena de imágenes me quedo con una tomada en febrero. La fotografía me tiene como parte de una locura monumental. Cruzar un punte hacia Dios, allá en Salto, lejos de casa. Sin querer una amiga de mi ciudad quedará para lo que resta del año.
Aparto la revista pues alguna lágrima se me ha escapado al recordar tanta gente linda y prefiero tomar el diario de marzo. Otro golpe. Esta vez al mapa de América Latina. Hugo Chávez había dejado a un par sollozando y pasmados por lo venidero. El primer trimestre del 2013 fue pesadito, pienso.
Me siento un instante y mientras me ato el cabello con una prensa regalada por mi mamá recuerdo que en abril algo bueno transitó. Cierro los ojos y recuerdo el inicio de un sueño elevado en el viento. Cierro los ojos y aún me queda la emoción de febrero. Decido salir al patio de casa y mirando un poco hacia arriba descubro que en varios meses muchas cosas sucedieron y muchas personas participaron. Rostros, situaciones, ilusiones, encuentros y todo lo opuesto también hubo.
Aún es de día y el sol de diciembre pega fuerte en mis hombros. Hoy no es tiempo de balances sino de un recuento de momentos, de instantes de lo que recordamos con paz, con orgullo y con algo de pudor.
Se me presenta la luna y veo que un marciano me trae un número cuatro. Le dará la mano al tres cuando el segundero marque el final de un mes más. Esta vez será distinto, mes con porte que marca principio y fin.

Espero que pase una mariposa para pedir un deseo. Recuerdo que varias de ellas ya están en el viento pero de todos modos pido con alegría que nadie pase apague la luz esta noche. 

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