El Anónimo

El alcohol en un vaso de vidrio. Ella es una en un millón que se ve sentada contra la ventana con las piernas estiradas y sus pies llenos de tierra. Todos caminan a su lado con vendas en los ojos y con los auriculares como el único mundo posible en medio de la multitud. Un café tomo todos los días a las diez de la mañana cuando tomo el colectivo hacia mi trabajo en la heladería en tiempos de verano. Se me antoja saber de quién ese anónimo que llega a otra mesa cada día a mi compañero de café que es ejecutivo de la lotería de la ciudad. Me lloran los ojos de irritación por estirar mis ojos como un larga vista para ver ese remitente. No puedo. No lo he logrado en meses. Ese anónimo me hace doler la cabeza. Tomando mi café antes de cumplir mi labor no pierdo oportunidad de ver ese papel que me oculta su nombre. Ella permanece con sus pies en el piso y el ejecutivo lee el diario sin apuro. Son las diez y catorce. Mi colectivo pasará en dos minutos por eso pago la cuenta rápida olvidando la propina que suelo dejar. Sobre los adoquines corro aún pensando de quién será el anónimo que cada mañana recibe el ejecutivo. El verano se termina y mi rutina sigue siendo la misma pero en un acto impulsivo de conocer el remitente me acerco a ese ejecutivo. Le toco la espalda. Su camisa blanca está muy bien planchada. Se da vuelta y me sonríe. No entiendo su gesto de amabilidad pero se lo devuelvo en mi mirada. Siento que el ejecutivo conoce mis intenciones. - Sé que quieres. Lástima que has demorado lo suficiente como para que te arrepientas. - Me da vergüenza pero en verdad me gustaría saber quién le envía ese mismo papel todos los días. Con el paso de las semanas me ha generado curiosidad. Disculpe- me arrepiento- olvídese de mi intromisión. - No te arrepientas muchacha. La curiosidad lleva a lugares imposibles de pensar. Te diré de quién es ese papel. El ejecutivo me invita a su mesa y empieza a hablar: - Ese papel es mi conexión desde aquí hacia la calle, ese papel atraviesa la vidriera de este bar y llega hacia la vidriera que queda al frente de tu parada de colectivo. - ¿Acaso usted me ve…?, lo interrumpo - Claro que te he visto cada mañana ir hacia algún sitio que no sé donde es. Lo que sé es que siempre has mirado con curiosidad a esa mujer con sus pies en el piso y sus piernas en la vereda. Ella lo sabe, lo ha notado y en ese papel ella me lo ha contado. Ella me ha dicho que le gustaría tomar un café contigo pero que no tiene dinero y además ella es un anónimo en tu vida, una desconocida. - Pero, yo nunca le hablé a esa señora, le respondo. - Lo sé, pero has tenido las ganas de hacerlo, de curiosear qué es de su vida y por qué sus pies se ven llenos de tierra. Ella en ese papel que has intentado leer de lunes a viernes me ha confesado que en mucho tiempo con tu mirada dejó de sentirse sola como un anónimo que nadie ve por culpa de las corridas y de los auriculares furiosos en los oídos. Le agradezco por sus palabras y me retiro. La curiosidad es el don de los que piensan que hay algo más allá de lo evidente. Mi curiosidad me llevó a conocer que una mirada puede

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