Al alcance de la mano

Se mira en el espejo de agua al ras de la vereda. Quiere hacer notar que es más de lo que aparenta en su cara o en su seca. Ella piensa que la culpan por la guerra de los hombres en el mercado cambiario. Sabe que no es perfecta y tampoco cree ser la responsable de un hecho tan violento como la discusión de un limpia-vidrios y un automovilista. Es oro pero no vale por ella, cuesta deshacerse de su raíz interior. Le gustaría ser como el sol. Lo es. Le gustaría tener un buen vestido blanco como las nubes. Lo posee. Le encantaría que le hicieran canciones de amor como al mar. Eso sí que no lo tiene. Solamente le dedican apologías a la buena vida y críticas desde donde la pobreza arremete sin importar edad y virtudes de integridad. Intenta hablar con su hermano. Él hace que no la escucha. Está convencida que su hermano por tener más edad, la cual muestra en su frente, tendrá mas poder. En verdad lo tiene. Tiene más poder para zanjar diferencia abismales entre quienes nos ven pasar de mano en mano, para determinar en la báscula del amor quién entrega mejores regalos o demostración de afecto en lo material. - Si él supiera cuánto peligro representamos en las manos de un niño, cuánto deseo de querer más y más generamos en las manos de un adolescente o cuánto daño le hacemos a aquellos que tienen obsesión por comprar lo insólito, lo innecesario o irrelevante. Si mi hermano supiera que en realidad somos traficantes de dolor la mayoría de las veces, que cumplimos la función de salvar vidas si estamos verdaderamente al alcance de la mano o que hacemos sueños realidad cuando estos se sienten con el corazón. Si ella supiera cuán lejos podemos llegar, que colores distintos usamos en cada país pero que en cualquiera de ellos nuestro interior representa ni más ni menos el precio de lo que el mundo cree que somos lo que lo mueve de su centro de traslación. Él es un papel de color con su apodo en la frente aunque se llame billete, y su apodo sea dólar, peso o dólar. Su voz puede estar en 10, 20 o 100 cuerdas vocales. Yo en cambio soy moneda, me buscan y no me encuentran. Resulta que paso de mano en mano tan rápido que es imposible seguirme el rastro. Lo hago para no dañar tanto. Sin embargo, no puedo desistir de mi esencia de ser un numisma.

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