1986
Deseo, de sueños, de cosas evidentes. Nuestro vínculo es tan extraño, tan retorcido. Se han ido las ganas de histeriquear. Quiero que me digas la verdad. Estoy aquí otra vez. Habla ya, como lo hiciste en 1986.
La lluvia no es excusa para que me evites. Deja, viajaré yo. Te llamaré cuando esté en la terminal, así me vas a buscar.
Sé que vives cerca del club de tu ciudad. No soy investigadora, soy curiosa, lo sabes.
A pesar de que me digas que no, quiero escuchar tus excusas por enésima vez. Me divierte. Me enoja tu negativa pero cada vez me acerca más a ti.
Vendería cualquier cosa con tal de que un beso me regales con el sol ausente, así sin publicidad del día. No me gusta ser parte del informativo de pasillo. Pero no quieres. Lo respeto, no me resigno. Esperaré con la paciencia amalgamada con amor. Una fusión peligrosa al borde de la obsesión. Pero tranquilo, conozco mi límite.
Nunca me pasó de enamorarme despacio, al ritmo de un buen piano, con melodía en do mayor. Sucedió, ha sido lo mejor en mucho tiempo más allá de que la correspondencia no sea el remitente esperado. Recuerdo las noches en las que el llanto por alguien disfrazado de verdugo lastimó mi corazón nunca pensé que alguna vez con su misma gracia me tomara el corazón por segunda vez.
Deseo. Baila lo que quieras, baila a tu manera, no te daré mi aprobación pues pretendo que bailes sólo para mí en esta ocasión.
No quiero que seas un amor de verano. Como en 1986 cuando apenas podías caminar quiero jugar contigo a la escondida. No quieres. Te espero, soy capaz de viajar un domingo para ver un partido de balón pie en vez de descansar. Notas mi predisposición, la conoces, la dejas pasar.
Todo irá bien, es un deseo. La relación que nos une es tan precaria que en una discusión de política se pierde. Sé que te divierte. Me encanta escucharte aunque te embales con alguna utopía. Después dices que soy yo la niña soñadora. Quizás. Asumo mi corta edad y mi comportamiento de pequeña que muestro a veces. Chocamos por eso. Naciste en 1986 y eso no te da derecho a pensar que debo seguir con mis juegos de muñecas. Te recuerdo que he preferido subirme a los árboles y ser portera en el equipo de fútbol de mis hermanos. He sido un huracán a la hora de caminar.
Mira todo lo que me has hecho escribir. No hay nadie más. Me preguntas y yo te digo la verdad. Tu manera descocada de bailar con tu charla disfrazada de ironía es para mí una gran debilidad. Debo reconocer que en ocasiones pareces un tonto por tus palabras cargadas de pavadas con la intención de escapar de un apriete lingüístico.
Juramento de sal y alcohol haré pensando en tu sonrisa y de que estés al lado mío.
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