Planetas en el suelo
Hay gente viviendo del aire.
Hay gente sin horas y corriendo un reloj.
Hay gente llevando pasados de su universo de metro cuadrado.
Hay gente viviendo sin aire. Los he visto.
Esa gente que cree ir por el camino marcado, se le ven los surcos en el rostro lleno de barro.
Hay gente viviendo del aire, buscando su lugar en el mundo. Dan vueltas y terminan en la misma cuadra que yo.
¿Si yo vivo del aire? No.
Vivo de mí, de mi luz, del viento que traen mis pasos y las caídas cuando me estrello en el campo. El cemento duro y puro de manías urbanas toco con las manos mientras reubico el mapa. Apenas respiro.
Hay gente viviendo del aire en una tierra con un planeta al borde del abismo. El problema es que no hay a quien echarle la culpa y los sustantivos colectivos quedan perfectos: la gente, los gobiernos, las organizaciones y bla bla bla.
Yo vivo la hora que me dicta el aire en un susurro escandaloso de verano.
Le saco un poco de aire a Neptuno y Marte pregunta qué lugar tiene en mí mundo.
Hay gente viviendo en el aire y me piden explicaciones.
Hay gente rastreando una ubicación acorde al mundo que arde en vez de ser fiel a sí misma.
Yo vivo con la certeza de que los planetas a tu favor no siempre están en el cielo. A cualquier hora y a pesar de los kilómetros sin años luz.
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