A tiempo
Corría el minuto más exacto e imperfecto de mi vida. No lo supe hasta días después. Corrí tras una cita, las pretensiones de una propuesta por correo. Corrí. ⠀
En esa subida de adrenalina contra el tiempo para llegar a horario estuve aquella madrugada. Corrí tanto y al final me quedé sin aliento.
Llegué a tiempo o al menos me contaron. Había corrido tanto para ser lunes a las ocho de la mañana que al cruzar la calle, un auto rozó mí brazo rompió mí reloj con el espejo del conductor y caí sobre el asfalto. ⠀
Las pocas personas dando vueltas a esa hora me ayudaron a levantar la vergüenza que había quedado al borde de la vereda. Mi apuro detuvo el tiempo y el de los otros.
Entonces comprendí, mientras veía el vidrio roto de mí reloj, dos cosas: el tiempo vale y cuesta. ⠀
El minuto más exacto e imperfecto valió la pena para ser consciente que cuesta sólo un segundo para que las prioridades y el ritmo de tu respiración cambien para siempre. ⠀
El reloj se rompió pero les aseguro que estallaron más fuerte todas las concepciones vidriadas del tiempo, el apuro y el momento que tenía hasta antes de levantarme. ⠀
Ahora sólo queda llegar a no sé dónde, pero sin correr porque en la caída también mojé mis zapatos. ⠀
Hablemos del tiempo, la materia prima de las cosas pendientes en un anotador de lunes por la mañana.

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