Soy tan cobarde como vos

Soy tan cobarde como vos, lo admito. En esta guerra de cobardes tus armas son la seducción detrás de los lentes de sol y el movimiento inquieto de tu cuerpo al verme. Las mías se le parecen: mi sonrisa indestructible al viento y mis cejas arqueadas haciéndome la sorprendida por lo que me cuentas.
Me espanta pensar en otra persona más que yo, que inunden la casilla de mensajes para saber mi estado de ánimo. Le temo al trampolín sin retorno del salto de ceder mi libertad en nombre de algo parecido al amor. Nada de eso nos puede pasar. Pero sé que te quedaste mirando mi andar tras el último saludo fugaz. Te gusta y te asusta lo que ves. Deberías darte cuenta que sos tan cobarde como yo.
Soy tan cobarde porque me niego a la entrega a cambio de disfrutar una orquesta de halagos con remitentes ocupados. Sin ganas de enamorarme, hago lo opuesto y detengo mi tiempo para saludarte. El colmo de mi ingenuidad. Es la tuya también.
Tus pupilas se dilataron al verme un instante y la mente, selectiva por cierto, te dijo  no la dejes ir. Si no te importo ¿para qué guardas mi número en tu teléfono? Si la rutina llena de actividades te hace vivir como maratón ¿para qué me esperás veinte minutos?

Soy… somos tan cobardes que queremos tapar el sol con un dedo. Un día habrá un momento para decir algo más que un par de miradas cómplices. Por ahora, mi cobardía y la tuya.


Comentarios