Caprichos de armario
Bajaba la escalera algo
enloquecida por haber terminado una relación fugaz. La pasión lleva a lugares
insospechados de la locura. Pensando que era el amor de su vida o lo que fue:
un espectro de colección.
Pretender una noche más con el
capricho del momento que tiene foto en el armario. Patear las zapatillas de las
demás y elegir quedarse a dormir en un hotel con huellas sin borrar es una
decisión desleal para con sus principios.
Pero esa vez algo más le importó.
Fijar la última vez en la trinchera de la pasión. Difícil de salir pero ¿es
posible juzgarla?
Si la vida se nos va, dejemos que
saque los monstruos de su placard, que abrace a los caprichos ocasionales que
han sido escondidos por amores vacíos e insulsos hasta ayer.
Los monstruos del armario
descansan excepto que quieras ver la frustración cada vez que sepas que no es
él, el indicado. Por eso hay que divertirse, que ellos lo hacen mientras tú
lloras en el cordón de la vereda por el beso insignificante de él, que al fin y
al cabo es tan cualquiera como los demás.
Duerme cada noche pensando que el
amor tal como lo venden está sobrevaluado. ¿Y vos que creés? El amor es una
bendita barbaridad, el mayor acto heroico de nuestro ser y amar al desacertado
es el camino correcto a cometer errores para crecer.
Capaz los caprichos nunca se
acaben, ella no encuentre al indicado pero podrá dormir sabiendo que al menos engañó
al corazón con los monstruos carilindos que guarda en el armario.

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