Buscador de motivos.
La luz se va apagando despacio
con alguna canción que le siente bien a la depresión diaria. Pero aún con el
pabilo de la vela encendida puedo dilatar las pupilas de mis ojos y ver el
reflejo de mi cuerpo en una fuente de agua estancada. Siento un poco de frío
por el otoño instalado que le gusta cambiar el termómetro de la ropa para usar.
La imagen que proyecto sobre el agua dormida sobre la fuente de cemento no me
inquieta porque creo que el calor y la luz externa no harán falta si quiero
seguir hacia delante, el camino estará abierto para mí esperando que encuentre
los motivos para andar. No hace falta un gran motivo para salir de la silla de
la que escribo ahora: simplemente convencer de que tus defectos te hacen
perfecto, tu talento muestra lo que brillante que eres y que si sonríes todo es
diferente.
Busco motivos, no razones. Los
primeros alientan a enfrentar la vida tal cual es; las segundas piden
explicaciones de lo que ya sucedió y no se puede cambiar.

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