Un Tal Romeo... (II)
Ella aceptó la invitación de este
Tal Romeo. El sitio que eligieron para sentarse era pintoresco, sobrecargado de
adornos de acero y unas cortinas desteñidas color verde. La luz apenas tenue
parecía regresar a la casa de la abuela que no quiere mucha luz. Ella habló y habló. De sus logros, proyectos,
amigas, defectos y preferencias habló.
En un instante tuvo el coraje
para decirle:
-Me has invitado a tomar un trago
y he hablado sin cesar. No me preguntaste nada y no sé si te estoy aburriendo.
Lo curioso fue que él sin
acomodarse de la silla le respondió:
-¿Acaso debería preguntarte algo?
Fui literal, te invitaba un trago sin compromisos.
Ella acomodándose el pelo bebió
para disimular su sorpresa por la respuesta poco caballera de este Tal Romeo.
-Bueno, no sé qué decirte
replicó.
- No digas nada. Siempre esperas
la opinión del otro, la aprobación del temario que propones y no soy así. Romeo
nunca existió, es la historia que toda mujer quiere vivir cambiándole el final.
Si dije sin compromisos era para descomprimir tu rostro del día rutinario. Fui
cortés, un exceso de nobleza cuando hoy todo tiene doble intención. Quédate
tranquila que pago yo, la ciudad es demasiado grande para volvernos a ver. Ahora
debo irme para llegar a casa.
Sin más, se levantó dejando el
dinero sobre la mesa. Le besó la cabeza y … simplemente desapareció.
De este Tal Romeo ella no supo
más nada, ni su nombre siquiera pero le quedó guardado la sensación de que lo “incorrecto”
como tomar un trago con limón con algún extraño puede darte la suerte de
pasarla bien de una en un millón.
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