Termómetro del ego

Si de una decepción resulta una oportunidad no la desperdicies.
Si después de un desamor no puedes seguir, ocúpate de encontrar un motivo para hacerlo. Los tiempos de nuestro paso son cortos para sufrir y sufrir sin reparo.
Enfocate en ayudar a quien le hagas falta e intentar hacerlo feliz aunque sea un rato.
Si te viene un impulso, ¡detente! Respira, piensa si vale la pena y cuánto pierdes al dejarte llevar;  si tendrá arreglo si sale mal. Puede ser una oportunidad para romper moldes pero puede ser aquello de lo que te arrepientas.

La decepción es un termómetro de nuestro ego.
No es de quisquillosa lo que digo. La vida es una dualidad: el bien y el mal, el ying y el yang, la tierra y el cielo, el que calla o habla sin parar, el que hace y quien es un vegetal inerte. Somos dualidad, un día piensas una cosa, otro día lo cambias porque no sientes lo mismo.


La decepción es un termómetro de nuestro ego.  Mientras menos la toleres más debes insistir en lograr lo que quieres. ¿Piensas que siempre tengo ideas buenas para escribir? No. Puedo pasar días, semanas incluso meses sin que haya un párrafo que me convenza para escribir. Me desespero, me frustro. Aparece la decepción pero releo lo hecho hasta hoy y al rato sucede la catarata de ideas. Simplemente fluye como la dualidad. La decepción y la remontada de actitud. 

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