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El espejo se lamenta cuando ella se queja si el vestido no le sienta en su cintura. Los esmaltes hacen fila para acompañarla a algún lugar. Resulta que su belleza es infinita y temible para las estrellas que se apagan cuando ella sale por la madrugada a festejar.
De casualidad encuentra la calle donde tiene una cita. Su timidez hace que no haya pensado que si le preguntaba al taxista hacia dónde quedaba esa dirección se ahorrara caminar tres cuadras de más.
Sus piernas tiemblan entre los desniveles de la vereda mientras busca la numeración. El número en su celular dice 123. Se acomoda su cabello color sol que el viento vuela  con ganas y entra a un bar. La recibe un muchacho de traje y la invita a sentarse en una mesa junto a la única ventana abierta. Le dice que aguarde y ella no entiende demasiado.
Mira su teléfono una y otra vez y al alzar su cabeza detiene su mirada en un cuadro que dice París. Sueña como acostumbra.
Sin darse cuenta el muchacho que la recibió en la puerta se le acerca y le entrega un folleto. La cara de la muchacha es de desconcierto absoluto. Pues nadie habla en ese pequeño bar. Abre el folleto y encuentra tres solapas. En la del frente dice su nombre: Trinidad. Lo da vuelta y del otro lado dice 1 y nada más. En la solapa siguiente dice 2 y en la siguiente dice 3. Al cerrarlo encuentra la primera frase que la orienta un poco más de qué se trata este juego. Dice pide lo que quiera, pero pídelo al ritmo de 123.

Amiga mía si hubiese un testamento de idioteces compartidas habría varios tomos para editar. Sobran razones para acompañarte donde quieras. 
Feliz cumpleaños!!! 

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