Sin complicación
La sencillez es una cualidad
evidente, la humildad va de la mano.
Es la forma que tienen muchos de
vivir que tienen en sus manos la verdad de que se puede llegar alto sin mostrar
los dientes mediante el enojo.
A pesar de tildar de locos a los
que se hacen esclavos del despojo de la ley yo lo admiro.
La humildad está en aquellos que
se les llena el alma mirando a un niño sonriendo y saboreando un plato de
comida con dos ingredientes. Son los enamorados de la vida y que enarbolan la
bandera del acompañamiento a los que se sienten solos usando la empatía como
arma para la acción.
Haré una advertencia y les diré
que la gente sencilla no es aquella que carece de lujos o nunca usa un collar
de perlas. En un juego de egos la sencillez es la muestra de torcer el camino
para ser feliz.
No se usa nombre y doble
apellido, solamente el nombre con el que somos llamados por la mañana a
desayunar. La simpleza es un fuego que quema en el pecho de quien lo ve en el
rostro del otro. Anima a pensar que las complicaciones las provocamos, las
creemos y las transformamos en fantasmas.
¿Qué más tenemos por perder si
alguien no está más?
¿Qué sucede si el avión parte
dejándonos a medias en el check in?
¿Qué ocurre si una lluvia tapa
los autos en la ciudad?
Nada. Devastación. Sentimiento de
incredibilidad de tanto dolor posible.
La respuesta está en los
valientes, en esos que viven encendiendo estrellas para hacer más bella la
noche entre tanta desolación. Los que hacen la vida más simple, no son
simplistas, pues estos últimos buscan una solución rápida a todo.
Las personas con sencillez
reconocen las discusiones severas, las palabras escritas que hieren, comprenden
la dificultad pero su diferencia está en la actitud. Tienen la capacidad de
calmar, de proponer con las herramientas que tienen a su alcance y dicen con
firmeza que las espinas pueden sacarse de la planta de los pies para volver a
caminar.
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