La dictadura del estrógeno.

Suavemente comienza la conversación.
- Están todas locas, piensa al pasar diez minutos.
A la cocina nos mandan, somos las dueñas de casa durante el día. Así lo ha marcado la trayectoria del sistema patriarcal de familia.
Nos dicen que el lavarropas nos hace compañía, puede ser, pero también somos las dueñas de la noche cuando caminamos por la pasarela de algún boliche. No gastamos dinero en entrada y encima nos regalan tragos.
El tono de la charla aumenta cuando hablamos de los arreglos que tiene una mujer: las uñas de los pies, las piernas al aire y nuestro rostro sin arrugas o acné. Manejamos los centros de belleza, generando una industria cosmética que mueve millones.
Somos dueñas de las palabras y ni que hablar si usamos el no como respuesta, se vuelve loco más de uno pues nuestra respuesta no tiene vuelta atrás. Manejamos a nuestro antojo los sueños de aquellos que desean darnos un beso.
- No entiendo la lógica de la conversación, no puedo seguir el hilo conductor, admite.
Es sencillo hacemos revolución con nuestras cuerdas vocales en cualquier habitación. Hasta la señora del cielo lleva algo de nuestras hormonas.
Sostenemos el mundo con nuestras manos sencillamente porque eso que tanto aman lo traemos nosotras a pasear: esos hijos con los que se asegura la continuidad de la civilización.
Es una factura lo que les estamos diciendo: va con IVA (Instrucción de Vueltas de cómo Amar según una mujer), RETENCIONES del dolor que suelen provocar, pues sabemos perdonar.
Guste o no hay diez mil maneras de demostrar que rescatamos del espanto a más de uno como tú. Rompemos los silencios más bravos, iluminamos el mundo con nuestras sonrisas y si se va acabando el tiempo apuramos todo diciendo que siempre hay una excepción para llegar más tarde.
Aprendimos a leer la realidad, tenemos un buen lugar pisados con tacones o botas de lluvia, de acuerdo al gusto. No nos olvidamos de una tijera  a la hora de ir a acampar para cortar algún hilo suelto.
Nuestro trono no es la punta de la mesa, ni la mesada de mármol de la cocina y mucho menos la tabla de planchar: podemos ganar en la cancha de la play 3, gobernar en política y si nos animamos a más algún caño roto podemos arreglar. Eso que hay profesiones que no tienen color rosa son puras patrañas.
La estación más bonita del año también se sonroja porque se reconoce con silueta de mujer.
Dominamos el cielo con la luna, el aire con nuestra voz siempre chillona, el fuego con nuestra intensidad a la hora de pelear por nuestros sueños, las iglesias porque la convocatoria de retinas en una boda siempre se posa en ella. Dominamos los libros con las grandes historias de desamor sino pregúntenle a  Penélope que aún espera; la medicina siempre busca cuidarnos e innovar en exaltar nuestra belleza.
Dominamos la calle porque estacionamos donde nos place, manejamos con la poca cordura que queda dando vueltas.
Se podría decir que hay palacios en nuestro honor en India, en mi país, o quizá en algún jardín.

La nuestra es la dictadura más bonita, que camina sobre tacones, bebe un sorbo de té y planea vacaciones entre amigas. Ya no es un secreto, somos las damas de la alegría espontánea, de la locura desmedida y monotemática si no nos dan una explicación decente. Siempre con la verdad.

Comentarios