Hagamos un intercambio. La solidaridad.

La solidaridad es eso, un intercambio. No se trata de lo que se hace sino el modo, de lo que se esconde detrás de ella.
La solidaridad no es un cúmulo de dádivas de ajenos a rostros sin nombre sino más bien una entrega decidida por el porvenir de otro que hoy necesita de mí. A cambio no me dará nada sino que sin querer mis manos abiertas provocarán una sonrisa, un abrazo sin medida, cerrando fuerte los ojos para no llorar.

La solidaridad no nos hace grandes por ejercerla, ni nos hace pequeños frente a los ojos de Dios. La solidaridad es una palabra, una simple conjugación de letras que definen supuestamente una actitud cuando en realidad debería ser un estilo de vida. Entregar es reconocer a otro, ese otro nos hace sentir vivos y es en ese gesto donde aparece el intercambio.

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