Historia al fin del mundo



Un corazón destruido al fin del mundo. ¿Qué significan las coordenadas para él? Todo y a la vez, lo poco que le queda.
Valentín discute con su cobardía por las noches y quisiera anotar debajo de sus zapatos la letra be para que vuelva. Quisiera borrar la última historia que mejor supo interpretar, de amante sin horarios y cumplidos sin remate. Tan lejos ella, y ahora él se siente frío por la ausencia precipitada y por su gps personal.
Es ese el lugar donde un abrazo disfrazaba al frío y las pupilas ardiendo se imponían a los hielos del sur. Ahí, en ese destino caído al final del mapa Bianca era su norte. Era, ya no más.
Al fin del mundo el silencio de la fauna se parece al vacío interno de Valentín. Mira el faro, mira su reloj y los recuerdos lo atropellan en aquel café. El televisor haciendo ruido y su mente a la par. Las montañas acumulan nieve y él lamentos.
Llega a su casa y en el suelo un sobre con la notificación. La beca se acaba y puede volver o quedarse. Es una instancia decisiva del destino, lejos del origen del remitente. Hay olor a disputa aquí.
Quizá se atreva a escribir la be o la ve: de Bianca volvé o tomar el sobre y firmando Valentín no vuelve congele a la emoción despierta por la mañana. Los pingüinos no están para cuentos desvalidos ni besos de reyes desterrados por propia voluntad; lo miran con cara de sin más pretextos.

Es que no es el sur, ni el faro ni el frío; tampoco los días grises sino las cicatrices las que remiten al desconcierto a Valentín que duda del amor eterno.


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