Entre costuras

Entre las costuras de mi vestido algo le molesta a mi cuerpo.
No es una aguja pero inca como si lo fuera.
No es un minúsculo hilo escondido pero tensa mi espalda como si lo fuera.
Entre las costuras de mi vestido ha quedado tu paso, tus manos han zurcido mi cintura en más de una ocasión y ahora que no estás molesta tu ausencia.
Cada remiendo posterior a tu partida no ha sido suficiente para los poros de mi piel. Ellos lloran en el día cuando alguna costurera los cubre con otras telas sin tu nombre. ¿Y de noche? Ni preguntes, son eternas y dolorosas en invierno. No hay almohada que cobije mi cuerpo, tampoco sábanas ni soles.
Entre las costuras de mi vestido algo le molesta a mis pies y es el simple sonido de mi ¡ay! Porque me acababas de pisar. Era larga aquella prenda igual que tu silencio hoy y por eso ya me desvisto sin ganas. Porque duele ese alfiler detrás de mí nuca y un minúsculo hilo enrollado atasca mi respiración.
Una máquina del tiempo quizá podría diseñar otro atuendo para esta época de grises y nublados, de sequías y llantos. Una máquina sin pedales por las dudas acelere el ritmo de querer encontrarte. Haría otro vestido, sin etiqueta; de tela bordó parecido a lo que arde por mis brazos cuando intento bajar el cierre del dorsal izquierdo de mi pecho. No dejaría espacios entre las costuras y nadie se entrometa a menos que lo permita.
Así nadie debería agregar parches a vestidos, ni camisetas, jeans ni pijamas. Pero no sé coser y ahora se derrumba mi estrategia de olvidarte. Sólo una opción queda.

Mi ser desnudo sentirá los pinchazos de tu recuerdo, ese que fue de alta costura y que obliga a tenerte como la prenda más parecida a una obra de arte. 

Comentarios