Caos



Cómo se puede discutir con vos?
No hay lugar donde no prendas fuego. Hasta el escalofrío hace malabares para que tu recuerdo sobreviva en mi memoria selectiva. Conocía la calma hasta que cruzamos miradas. No sé qué pasó después… o sí. Empezó a arder mi vida con sueños interrumpidos, un decálogo para indecisos y una nueva manera de pronunciar el verbo amar: vos. Todo un escenario de caos.
Fuiste la raíz de la situación amorosamente compleja y escribo en pasado para recuperar la calma. Algo de luz me queda en la cabeza para ver la anarquía que dejaste y ahora se burla de mí. Había perdido los motivos de mis pensamientos negativos y ahora puedo descifrar la relación entre mi suerte y tu ausencia.
Es que eras mi caos perfecto, en el que cada paso implicaba una tonelada de emoción con disfrute o disgusto. Eras un caos en un cumpleaños, una cita o el desayuno; a cualquier hora eras mi caos. La calma que tenía dormía debajo del colchón y vos seguías  alterando mis creencias sobre el amor.  ¿Qué pasó?
El caos es un desgaste perverso en nombre del amor y las discusiones por tonteras se convirtieron en diferencias abismales. Mi caos significabas vos y cuando pedí calma tu luz se apagó. La sentencia es que los desbarajustes de mi corazón se cansaron de tus llegadas tardes, mi cuerpo frío de esperarte se abrigó con cuentos de un libro en el que el protagonista ya no sos vos.
¿Cómo se puede discutir con vos, con tu sombra? Si estás ausente no sé si hay calma pero al menos el caos desapareció igualito a vos.

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