Soy un auténtico fraude. Cuenta no verificada.

Y era para tanto, y eras mi mundo. Eras el insomnio y mi  sueño más profundo, contenido en esa pared marcada a fuego con lápices de colores.
La cobardía ganó cuando admití que el destino en parte eras vos. Era tarde y nunca me animé. La neurosis de la duda, el rechazo o el fracaso invadió mi paz con tu nombre.
Le mentí a mi espejo de la habitación.
Le di argumentos falsos a mi razón tan vapuleada por los mensajes que envío y recibo por celular.
Escondí las pruebas de mi autenticidad, del reflejo de lo que pasa cuando veo la verdad.
Deshice las promesas de amor que implicaran abrir un nuevo tormento. 
Di tres pasos hacia atrás, le dije a mi cuerpo que se paralice: que las manos dejen de tiritar y la voz pierda claridad. Di la orden de mirar hacia otro horizonte, que el corazón no salte cuando esos ojos encandilen por enésima vez.
No sé cuando empecé a temer al acto simple de respirar.
Porque darte cuenta que lo que sentís  es para tanto, para subrayar es la decisión de dejar en parte tu libertad de coquetear, y mostrar tu mejor cara en cada invierno.  Y no pude pensar y me escudé detrás del tiene que fluir y en realidad, el único deseo que tenía era huir.
Ahora veo el reloj de arena roto en uno de sus polos ¿qué haré con el poco tiempo que me queda? Salvar mi vida siendo sincera o callar mi ser. Dilema o problema. En cualquiera de los dos casos a una solución debo llegar tan pronto como sea posible.
Es un dilema entre elegir o un problema en el que elegir repercute a alguien más que yo. Lo que escoja no habrá nacido de la voluntad sino de la necesidad y es en esto donde me siento un auténtico fraude. ¿Desde cuándo hago lo que debo? Hoy quizá es una buena respuesta.
Es que eras para tanto que debí acelerar los trámites de migración amorosa. Eras mi mundo y eras para tanto, aunque los astros insistieron  que eras el error más importante de mi legajo.
Hice lo que pude y no lo que quise, decidí armar mi mundo con los restos del tuyo. Por eso el reloj sigue averiado en el día de tu muerte. Me la jugué tarde y quienes entienden del arte saben que una nota mal ejecutada puede alterar al resto de la obra. Mi hoy es tu ayer, y cada día es la cobardía de mirar lo que sentí y no dejo libre aún.

Eras mis  mi mundo, eras… el hoy es una cuenta verificada de lo que pudo haber sido para tanto y sin embargo, no fue nada. 

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