Miss G

Descubrí el amor en un par de ojos.
Veo una razón más por la que sonreír y luchar por un mundo mejor.
De cincuenta centímetros poblados de amor ha pasado un año y hoy son diez kilos de  pura risa, ternura, ceño fruncido y bailes improvisados.
La primera vez que te escribí mis palabras hablaban de esperanza, deseos de felicidad y te pedí que valores a tus papás cuando puedas leer.
Hoy hablo de lo mismo. Ellos respiran por tus suspiros de madrugada, no duermen si te escuchan toser y su felicidad está en tus ojos curiosos.
Ser tía es la tarea más hermosa que vivo. Porque hago todo lo que por la edad la sociedad te mira raro: bailo, canto desafinado, me pinto la cara y soy feliz.
En este mundo Guillermina a la gente le cuesta ser feliz porque se enroscan, nos enroscamos con lo que no sale, nos hace mal o simplemente nos aferramos a aquello que sabemos de entrada no va a funcionar. Jugá y crecé con los cachetes más simpáticos que he visto.

Cuando te veo les aseguro que  todo desaparece, no importa el reloj, el frío o la cantidad de pendientes esperando en casa. Sos vos, sos vos.  

Unas canciones de folk han ayudado a que vuelque mis palabras a tu vida, a lo que tu pequeña y despreocupada vida provoca.
Creces con creces, a base de mamaderas diarias y puré de frutas y verduras. Ya conoces el agua y también la voz de tu mamá. 
Buscas tu bolso de guardería y lo acorralas de forma protectora. Sientes los pasos de tu papá cuando llega de trabajar.
Nos has cambiado de pies a cabeza. 
Nos has prohibido ocupar nuestro tiempo en trabajo cuando visitamos tu alfombra llena de juguetes. El teléfono debe estar en silencio y los demás aparatos apagados. 
Eres un diamante sin necesidad de pulir, pues los niños son perfectos y puros que cuando crecen los obligamos a complejizarse con necesidades inventadas. 

Comentarios