La libertad es la mutación de la esclavitud moderna

Si eres inflexible con tus convicciones sufrirás más de la cuenta en este mundo donde casi todo se transa. Hasta la libertad se ha convertido en una mercancía como el combustible. La libertad de decir lo que piensas, de callar cuando no tengas nada que decir, de hacer lo que te plazca o simplemente observar.
Cuando crees que la libertad era una cuestión física de espacio o del cerebro empiezas a reconocer que eres un esclavo de tus trastornos obsesivos de mirar el teléfono veinte veces en una hora, de meter la mano en el paquete de snacks cuando quedan las migas tan sólo para calmar la ansiedad. La esclavitud y la libertad son más sinónimos que antónimos entre sí. Si eres inflexible quizá no te convenzas jamás de esto.
La esclavitud coarta la libertad y la libertad nos esclaviza de las mañas propias, de los vicios mundanos contagiosos y nos prohíbe tomar decisiones realmente libres de opiniones fantasmas.  La libertad es una mutación de la esclavitud moderna.
La esclavitud antes se imponía, hoy con la mutación lingüística a libertad,  se elige. Se elige qué cosas de nuestra personalidad mantener por más que nos hagan daño, la libertad que poseemos es usada para decidir que las personas que te dicen “tienes sueños muy ambiciosos” sigan en tu camino.
El inconveniente es que antes éramos esclavos contra nuestra voluntad pero hoy somos esclavos de la libertad donada como gratitud de la era moderna. Entonces cuan libres somos si esclavizamos nuestro gusto musical quizá para agradar al entorno social.
Ser libre no genera culpa, ni deudas con nadie. La libertad te pertenece, si estudias algo que no te hace feliz, si aún te quejas del trabajo horrible en el que estás, si dices amar a alguien y cuando la ves no te hace transpirar las manos, si no cantas porque evitas desafinar, eres un esclavo de ti mismo, estás perdiendo tu tiempo. Te habrás convertido en una cosa rara de la especie: un ser sin gracia con muchas poses para redes sociales. Sin voz, sin discurso y una imagen muy distinta y distante de aquellos a quienes quieres imitar.
La libertad valdrá la pena cuando seamos nosotros mismos, cuando nos convirtamos en eso que el espejo te devuelve: un ser con gracia, que cuenta chistes muy malos, que no sabe de buen gusto y come cualquier cosa sin mirar las calorías que tiene el paquete. Que mira la misma película de acción o romántica treinta veces y que admite no saber nada del amor porque le han roto el corazón más veces que al personaje más tonto de una telenovela.

La libertad en esplendor te hace sentir a pleno: la alegría, el dolor, la soledad y la  contundencia de la fortuna que tienes en tus manos. 

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