Visto azul.

He descubierto algo muy curioso para mí. Escribir y leer ajeno no son compatibles al mismo tiempo.
Este tiempo he leído bastante de todo tipo de temas, realidad, ficción y alguna novela fantástica.
El eterno retorno me muestra que nunca he dejado de sentir lo que escribo sino que debe existir un espacio en el que debo llenar mi copa de palabras re- significadas para no agotar a quien lee siempre con los mismos argumentos. Es una necesidad de quien escribe y una plegaria callada de quien lee.
En el eterno retorno del trabajo a casa que experimentamos todo, a la salida de un examen se repite la escena de alivio, proyección a una siesta reparadora de neuronas agotadas por la presión.
Sin embargo observando cada baldosa de la misma parada de colectivo he notado que prácticamente el gracias, el por favor, las palabras que modulan los labios han desaparecido. En realidad, han sido suplantadas por gestos que lo dicen todo, gestos parecidos a los emoticones de Internet o los que usamos en el teléfono celular.

Nos hemos convertido en seres sin voz, escudados por imágenes que creemos transmiten sentimientos pero que lo único que logran es ocultar aquello que nuestra propia voz delata.

¿Podemos soltar ese aparatito al aire? Me molesta su luz, que se te borren las huellas digitales y la inoportuna llamada de una empresa de promociones. Hablemos entre nosotros frente a frente y nos miremos a los ojos y entendamos que hay más contundente que un visto con marca azul. 

Comentarios