Mi Fantasma y su silencio.

Suficiente lo que tengo para tapar mis defectos. Dicen que los fantasmas son creaciones de la mente pero verte caminando por el pasillo te ha convertido en el ser más perfecto a mis ojos. No hace falta pensarlo demasiado: eres de lo mejor que he conocido.
Dejarte ir y llenarme de calificativos negativos para después arrepentirme es una reacción típica a mis errores cometidos.
Antes de decir que no, escuchar tus excusas preferí armar tu bolso y con las llaves en mano activar el picaporte como pase a la salida.
Tras tu último paso decidí hacer café y frente al televisor naranja de colección comencé  a hacer el inventario de lo que me dejaste material e inmaterial.
Apunté todo en un esquema: desde cuadros rotos, paredes con humedad, problemas amontonados con cara de facturas por pagar, desde la luz, el teléfono y hasta el gas.
No eras fácil, y sí ya hablo en pasado aunque hayan pasado veinticinco minutos porque una pesadilla debe terminar cuanto antes.
Soy mala y no atenderé el teléfono para coordinar qué día vendrás a buscar las cosas que quedaron en el sofá. Tus libros existencialistas, historias de catacumbas y recetas de cocina de mamá.
Nada de lo que dejaste me es de utilidad. Buscaré una bolsa de consorcio para botarlas al contenedor si es que quieres rescatarlas. No conté con tu existencia y mucho menos con alguna tarta de las recetas bonitas que estoy viendo.
Cuántas noches vacías pasaron sin darme cuenta que alimentaba un globo de helio que a más presión más rápido se iría. Las charlas dieron paso al catálogo de monosílabos y de ahí a la sepultura de las palabras del emoticón para describir nuestra relación.
Es tarde para escribir, debo dormir.

En el sitio en el que recuesto mi cuerpo, mi alma te persigue en el pasillo por el que te vi por última vez. Eres mi fantasma preferido y el que más daño me ha causado. Dejaste todas mis frases con un visto y sin respuesta como muestra de indiferencia absoluta a mis sentimientos.

Hoy estoy convencida de que los ojos dicen más que la palabras, que el silencio puede resultar menos doloroso que liberar la verdad y en esa misma frase la propia contradicción de que mirarse  a los ojos al momento de hablar es más verdadero que un beso dibujado por algún extraño de manera universal. 

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