Soñar, crecer y caminar con pausa

Soñar, crecer y caminar con pausa necesaria es la manera de vivir con suspiros lanzados de una sola vez.
Abriendo bien los ojos pude ver en el aire las fotos de cada rostro detenido en algún instante de la línea del tiempo. Es magnífico encontrar sonrisas retenidas por vergüenza o carcajadas explosivas cautivadas por el flash de la cámara fotográfica. Pude hallar también miradas evasivas al momento donde quedó el foco detenido. No vi más allá de lo que podía escuchar en aquella situación. Me da una sensación de vacío el hecho de permanecer ajena a esa dolencia manifestada en mejillas relajadas. Suele suceder.
Un ruido furioso me saca del viaje regresivo momentáneo. Alguien ha tocado el timbre de casa. Dudo en abrir pues tengo puesto el pijama y ha interrumpido mis pensamientos alusivos a fotografías reflexivas. Tocan otra vez, y decido abrir  pues quien esté del otro lado se ha tomado el trabajo de visitarme.
Busco mis ojotas que refrescan mis pies sufridos por el calor agobiante del incipiente verano, y espío por el visor pequeño de la puerta. Es una escena que me gusta hacer porque me recuerda a las telenovelas de la siesta de un canal de aire.
Un Dejá vu me ha rozado el cuerpo. Otra foto le ha dado un coletazo a mi mente aturdida. Sensación de angustia me invade y es difícil explicarlo mientras las piernas me tiemblan y las manos sudan impidiéndome abrir la puerta.
Irrumpe ante mis ojos un arcoiris detrás de la película con todas las fotos antes vistas. Creo que soñar es eso, una película de fotos con sucesos ocurridos que nos tiene como protagonistas, actores de reparto o un simple oportunista del momento que pudieron haber sido de otra manera.

Soñar es reposar la mente en un sillón para ver el arcoiris como escenografía llena de colores que ilustra situaciones, rostros que nos han hecho crecer en el caminar con pausa que propone la ciudad alterada por los semáforos que no sincronizan. 

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