Leer el futuro

Leer el futuro resulta una tarea de todos los días del presente que se vive y se recuerda después. Hoy miro en el resplandor del sol y en esa línea de agua que se genera en el medio de la ruta y admito que la verdad es unipersonal. Cada uno con su mundo en un planeta que se queja por el maltrato que recibe. Leer el futuro es combinar el atrevimiento de lo que sucederá y el recelo de lo que no creemos que pueda cambiar. Alguna vez dije que la lógica es ser reticente al cambio, hoy mis palabras dirán que eso tiene que ver con que nos encanta leer el futuro con las manos, si es en Braille o con anteojos para los que nos vemos bien. Incluso aquellos que dicen que “que fluya”, “que se deje suceder” pecan de ilusos porque insinúan que hay un futuro que no quieren develar. Sin embargo, en su interior desean, leen con intenciones presentes su futuro. El porvenir es una incógnita dilucidada a medias a veces, intrigante otras pero una pregunta sin certezas siempre. He intentado leer el futuro y nunca he podido ver más que nieblas, por temor a saber, por falta de valor a ver posiblemente aquello que esté fuera de mis planes pero ante todo para seguir teniendo conmigo esa necesidad de ser invadida por las sorpresas que nos regala la vida.

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