¿Estás ahí?
Paró la lluvia, los tobillos crujen debajo de la mesa. Nunca tuve un gato, capaz lo piense para el próximo invierno. Intentaré ordenar este mambo mental.
La pausa como actividad vital a los parlantes con dos patas. Suena un whatsapp, preguntan si el ascensor funciona, son los vecinos de mi edificio. Se acumulan los mensajes, de que siempre es lo mismo, que pagamos y siempre se rompe los miércoles.
Todo se volvió un atropello, una urgencia permanente, una tormenta constante. El sol se desdibuja en el cielo, de enero a diciembre, julio se volvió memes y septiembre que sé yo.
Intentemos llegar a navidad en una nave espacial, mientras nos besamos en los límites. Si para eso tampoco hay tiempo, escribo sobre un mundo colapsado de mensajes con olor a promesas.
Escribir es una muestra de carácter, una receta improbable de replicar pero que siempre sabe rica. Preparo los utensilios para la cocina pintada con tinta, sucias mis manos. Hojitas en blanco, apago la luz, sigo en sombra como la luna. Acomodo la ropa en la silla y con la urgencia de estos tiempos, escribo una escena fatal. Un cuento, La Pola, Mi mamá, los chicos, yo y el chino.
¿Creen que se puede escribir en un mundo en pleno derrumbe y violines a lo titanic en reproducción aleatoria? Son casi las doce, afuera ningún funeral, los fantasmas no pueden morirse. ¿O sí? Si corro los límites de la escritura real, quizás. Me voy a prender la luz.
Conozco mis números de suerte: a nadie le va a importar. Una sirena suena, es la de la mitología, está la puerta abierta. Vienen por mí, los vecinos, un gato, la policía o un fantasma. Si todo es tan urgente, tanto delirio toca tambores en mi cabeza, mancho una hojita con tinta.
Firmo acá. Apago la luz, y recuerdo una frase que di como respuesta a un tuit reciente: lo que molesta es gente pensando, en gerundio. Molestan personas con caminos mentales alternativos para convivir de otra manera que no sea un beneficio propio.
Siento que escupí por la boca lo que no he dicho desde hace meses. Vengo de hibernar y con el corazón en stop. Esta noche nada huele a pasado, se han congelado mis pies, debería tener un gato de compañía y dejar de comer arroz. Suena el whatsapp, los vecinos y una urgencia innecesaria. Hablan de filtraciones, pienso en los infiltrados de buenos modales, mejor lo dejo aquí.
Vamos que es tarde, vámonos a dormir. ¿Estás ahí?
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