Un poco de agua y nada más
Un poco de agua para lo poco que
queda del día. Un poco de agua para cerrar heridas, obviar las ausencias que
demoran y alejan de mí los sueños por los que lucho cada día.
Un poco de agua para continuar
después de esta parada en la que me nacen las reflexiones sobre absurdos
presentes posibles. Planteo escenarios, con personajes que son amigos, familia
o amantes. ¿Qué harían ellos por mí? Todo o nada, depende.
Avisé que eran reflexiones tan
fuera de lugar como el sol que nace en el oeste.
Un poco de agua para el cactus
que lleva el nombre de Herodes, por parecer más leal de lo que realmente es. No
sufre el horror de la soledad cuando viajo y queda a cargo de mis estantes. Herodes
no convoca multitudes pero llama la atención con el ingenio sorprendente de su
aspecto pidiendo un poco de agua.
Así razona la cabeza cuando un
poco de agua le falta para pensar con claridad. Ahora que una jarra he bebido
entiendo que las reflexiones son el resultado de los dilemas más oscuros que no
quiero dilucidar. Los dejos ahí, quizá con un poco más de tiempo los traiga al
único presente que tengo por delante.
Un poco de agua y nada más. Quizá
una gota de limón y seguir con lo que me queda de camino hasta conciliar el
sueño antes de dormir.

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