Magia. Reincidencia sideral.

La luna viuda de la luz del sol golpea la ventana con un relámpago anunciando la tormenta.
Si un mago dibujara el alba, ella no le temería a los truenos que escuchan sus oídos esta noche. Se ha prometido no rezar y simplemente cerrará los ojos ilusionando a su cabeza que el viento ensordecedor y la lluvia imparable simplemente pasarán.

La magia es el arte más enigmático de todos. A los magos se los ve intocables, incapaces de apagar la emoción de nuestra atención visual. Más que hijos del circo son valientes creadores de la realidad sensorial que apenas es posible percibir.
Ella quiere que en un chasquido las nubes grises huyan y así correr por el patio que aún tiene las hojas del árbol sin podar. Desea que la luna deje de recibir las condolencias del cielo y de una vez las estrellas hagan la magia de cada noche delante de sus ojos.
No quiere un truco, quiere magia. Pretende que sólo suceda lo imposible para la razón y no sepa la explicación.

Han pasado unas horas… la luna pretende enamorarse otra vez.  Será la reincidencia del pacto eterno entre el ocaso y el amanecer cuando la magia hace lo suyo sin mago presente. 

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